Me da lástima reconocerlo, no tengo la autoridad sobre el tema pero veo que Juan Carlos Urrego, en su artículo de la revista
Semana,
La mitad de la explicación, me da la razón en cuanto a la situación del país en materia de desastres y atención de los mismos.
No es que yo sea egoísta, ni que veo por mi o los míos solamente. Cuando haya que colaborar a los damnificados, hace falta corazón de piedra para no tenderles la mano a los compatriotas. Pero es inconcebible que todos los años haya que recurrir a la caridad para solucionar (que solucionar, mitigar) un problema que el propio gobierno es incapaz de enfrentar de raíz. Por lo anterior ya ni siquiera se anima uno a hacer donaciones. ¿Y para qué?, con solo ver el caso de Cartagena, en el 2004, la verdad es que dan ganas de llorar. A año y medio de la famosa Colombiatón, todavía no se han entregado las soluciones de vivienda que les prometieron a los damnificados, y que se ejecutarían con los recursos recogidos. Y es que en Colombia se hizo costumbre el pescar en río revuelto.
Muy buena la descripción del Señor Urrego, cuando dice que:
Las principales causas de desastres en Colombia, incluidas las actuales inundaciones, obedecen principalmente a cuatro razones. La primera de ellas es la ocupación incontrolada de zonas naturales de inundación o laderas frágiles, la segunda es la deforestación, la tercera es el desarrollo de construcciones con técnicas precarias o inadecuadas, y la cuarta es la carencia de políticas de mantenimiento de infraestructura y de adecuada vigilancia de las amenazas naturales propias de nuestras regiones.
Y es que sin buenas políticas de vivienda y adecuación de tierras difícilmente dejará de haber desastres y muertes por las inclemencias del invierno. Falta voluntad política. Así como existen y se destinan recursos para la guerra, también deben crearse buenos programas y proyectos encaminados, si no a acabar con las tragedias invernales, por lo menos a reducir su impacto en los sectores más vulnerables.
Las principales herramientas de política en gestión de riesgos de desastres en Colombia son débiles y están marchando con poca voluntad y pocos recursos, y son principalmente las que tienen que ver con el ordenamiento del territorio, la investigación científica y la asignación de recursos locales.
Pero es que ni siquiera en las ciudades estamos a salvo. Véanse los casos en Bogotá y Cúcuta y a lo largo del territorio nacional.
Ojalá que los comentarios expuestos sean referencias obligadas y de esta manera sí empezar programas serios, efectivos y basados en la acción y los resultados sostenibles.